Obedeció sin dudar y observó alucinada como él avanzaba con cadente movimiento y se colocaba a su frente, su miembro justo a la altura de su boca. En la gruesa virilidad brillaba una gota de su jugo y sus labios se entreabrieron sin pensar:
—Eso, abre esa boca muy grande para mí y envuelve todo en ti. Quiero que la saborees y la acaricies con esa lengüita dulce y suave que tienes. Que la dejes lista para introducirse en ti.
Sharon solía leer bastante novela erótica y el lenguaje sucio y descarn