Podía jurar ahora mismo y ante cualquiera que no se había sentido tan desbordado antes, que cualquier mujer con la que hubiera intimado con anterioridad no era más que una burda preparación para esta hembra fogosa y receptiva que ahora lo miraba entre tímida y anhelante, insegura de su propia fuerza y poder.
Se inclinó para besarla, disfrutando del calor de sus labios, acariciando con su lengua cada tramo de la boca pulposa qué tanto lo había envuelto succionando su miembro con hambre lo había