AIDAN
La ceremonia estaba sellada. Los aplausos, vítores de alegría y silbidos que acompañaron el saludo de los novios se fueron apagando con lentitud. Y si el tenor del beso era indicativo de la intensidad con la que los esposos se prodigaban, Aidan pensó que su hermano Milo era afortunado.
Resopló y rodó los ojos al observar cómo envolvía a su flamante esposa en un largo abrazo para volver a besarla con pasión, uno que Regina devolvió de igual manera.
Su nueva cuñada no era tímida, eso parecí