—¡Deja la tontería! No funciona conmigo—la voz de Kaleb se hizo dura y fría. Sus ojos lo miraron sin lástima—. Milo, Jace, Violet, todos están preocupados por ti. Yo lo estoy. Pero sé que no saldrás de este estado de estupidez supina si no te obligamos, así que vas a escuchar y vas a obedecerme.
—No tienes que…—argumentó
—Sí, sí tengo qué. Milo merece estar tranquilo y disfrutar de su luna de miel. No quiero que nada arruine la felicidad que ha encontrado junto a Regina. Dios sabe que se la ha