—Si acaso, durante estos meses mi decisión se alimentó más y más.
—Milo…—tan tonta como parecía, su boca y su mente invocaban su nombre, sin permitirle articular sus peros o levantar defensas para sostener la decisión que la había hecho dejar de verlo.
—Sé lo que ocurrió. Sé que tuviste que tolerar los insultos de Melody y de mi madre. Me avergüenza que mi sangre te haya humillado. No puedo pedirte disculpas suficientes. Quiero que sepas que nada de lo que dijo representa lo que siento por ti.