El no insistió. Era probable que su ofrecimiento fuera sincero, pero coincidía con ella en no dejarse llevar por nada más que la pasión que los conectaba. Se sirvió un café y se sentó frente a ella, observándola. Contrario a lo que hubiera creído, no se sintió molesta ni coartada. Él le permitió volver a reconcentrarse un rato. Luego, con un respingo recibió el repentino beso en la base de su cuello y las manos que la rodearon tomando sus senos le hicieron soltar el lápiz.
—Déjame ver cuán crea