Un deseo siniestro.
Le causó una gran cólera en el epicentro de su estómago. La acritud de su malestar se elevaba como vórtices verticales, hasta lo más alto de su garganta. En su mente con una nublazón de furia impero la idea de correr y arrastrarla; incluso detenerla, azotarla y follarsela frente a sus demás mascotas. Cómo ejemplo de su poder sobre todo lo que se mueve en ese círculo infernal.
Se limitó a ignorarla por pura arrogancia de su ego, aunque prácticamente la maldita bruja le había hecho un desaire.
La