La serpiente.
—Señora, al parecer nadie sabe de Bastix, pero creo que no tardará en volver.—Livia le susurro mientras la acompañaba en su paseo por la cercanía del jardín.—Pero igual le mandé un recado con una servil de su confianza.
—Ella vendra, debe saber que no conté nada sobre su atendo en mi contra.—Tenia un mal sabor de boca. No solo por la estadía en el infierno, también por las niñas que llevaba en su vientre.
Tocó esa parte de su cuerpo con instinto protector. Después de haberse desmayado por unos