Capítulo 26. FELICES PARA SIEMPRE
FELICES PARA SIEMPRE
—¿Siempre qué pensaste? —cuestionó Emma a Fer, que la veía entreverar hilos apoyada con un par de agujas, mientras las agujas entre las torpes manos de la joven futura madre no lograban hacer más que dejar ir esos hilos que debían estar acomodados uno tras otro alrededor de las agujas.
—Comprar una cobija —resolvió Fernanda, soltando su intento de tejido—, no sirvo para eso, no tengo ni la paciencia para terminarla ni la confianza de usar algo tan feo en caso de que sí logra