Capítulo 23. INDECISIONES
Las manos de Fernanda sudaban frío, y en su estómago estaba esa sensación ya muy conocida, estaba cien por cientos segura de que vomitaría en cuanto su respiración perdiera ese marcado y lento ritmo que había tomado desde que subió al auto de su padre para ir a casa de Alexander.
—Toca de una vez —casi ordenó Emma, tras casi un par de minutos en que la chica, frente a la puerta de la casa de su exnovio, no hiciera siquiera por moverse—, me estás matando de los nervios.
Fernanda volvió la cabeza