No hubo advertencia, no hubo transición que suavizara el impacto de lo que vino después, porque en el instante exacto en que esa presencia dejó de observar y decidió actuar, la realidad misma se reconfiguró en torno a nosotros con una precisión que no admitía resistencia, como si cada elemento del entorno hubiera sido reordenado para servir a un propósito que no nos incluía como sujetos conscientes sino como partes funcionales de un proceso mucho más amplio, y en ese cambio, lo primero que desa