La sonrisa del Custodio no desapareció. Permaneció inmóvil sobre aquel rostro sin edad, una expresión tan vacía que resultaba más inquietante que cualquier gesto de furia. No celebraba una victoria ni anunciaba una amenaza; era la certeza absoluta de quien había visto repetirse la misma historia durante siglos y estaba convencido de que el final no podía cambiar. A su alrededor, los demás Custodios permanecían inmóviles, formando un círculo perfecto que encerraba el jardín agonizante mientras l