El tiempo pareció inmovilizarse alrededor de los tres. El viento que unos segundos antes agitaba las hojas de los árboles del campus desapareció por completo, las voces de los estudiantes quedaron suspendidas en un murmullo lejano y hasta el agua de la fuente dejó de caer, como si el mundo entero hubiera contenido la respiración para presenciar lo que estaba a punto de suceder. Frente a mí había dos hombres con el mismo rostro, la misma altura, la misma forma de respirar y hasta el mismo brillo