La figura permaneció inmóvil al otro lado de aquella oscuridad abierta, como si no necesitara acercarse para imponer su presencia. No desprendía amenaza ni calma, y esa ausencia de emociones resultaba mucho más inquietante que cualquier gesto de violencia. El aire dejó de moverse a nuestro alrededor, el silencio volvió a hacerse tan profundo que incluso el sonido de nuestras respiraciones parecía desvanecerse antes de llegar a nuestros oídos, y lo único que continuó existiendo con absoluta clar