No hubo margen para asimilar lo que acababa de comprender, porque en el mismo instante en que la certeza de que aquello venía desde fuera terminó de asentarse, el entorno dejó de comportarse como un espacio contenido y empezó a responder como un límite activo, como si todo lo que nos rodeaba ya no fuera un escenario sino una frontera sometida a presión, una membrana tensa que vibraba con una intensidad creciente, y en esa vibración había algo más que inestabilidad, había correspondencia, una re