No hubo advertencia previa ni transición que amortiguara el instante en que comprendí que ya no podía sostenerme en la observación, porque todo lo que hasta ahora había funcionado como análisis, como contención, como distancia estratégica, se había convertido en una forma de retrasar lo inevitable, y lo inevitable no era el colapso del sistema ni la pérdida de control sobre Jake, sino algo más íntimo, más irreversible, la certeza de que cualquier decisión que tomara a partir de ese momento no i