No fue un sonido ni una forma lo que me hizo girar la atención hacia ese otro punto, fue una variación casi imperceptible en la presión que ya me rodeaba, una disonancia mínima dentro de una estructura que hasta hacía segundos parecía haberse estabilizado bajo una única voluntad, y esa irregularidad, tan leve que habría pasado desapercibida en cualquier otro momento, se volvió insoportable ahora que sabía lo que significaba, porque si había una segunda presencia, si aquello no era singular sino