No fue el entorno lo que cambió primero, ni siquiera él, fui yo, o al menos eso creí durante un instante demasiado breve como para sostenerlo, porque lo que se quebró no fue una certeza externa sino algo más íntimo, más profundo, la estructura misma desde la que estaba interpretando todo lo que ocurría, y cuando esa base se desplazó apenas lo suficiente como para dejar de ser fiable, comprendí que ya no podía confiar ni siquiera en la forma en que percibía la amenaza, porque si aquello había ap