No reaccioné al instante porque hacerlo habría significado aceptar que algo se había desplazado de forma irreversible, y durante un segundo demasiado largo me quedé atrapada en esa sonrisa mínima, precisa, perfectamente medida, observando cómo se sostenía en su rostro sin quebrarse, sin temblar, sin ese desgaste natural que siempre acompañaba sus gestos cuando estaba bajo presión, y fue precisamente esa perfección lo que terminó de romper cualquier ilusión de continuidad, porque Jake nunca habí