—¿Qué... me sucederá? —aunque la voz quería temblarme, logré controlarla—. ¿Qué piensa... hacerme, señor Baudelaire?
Sentía el torso desnudo tan frío, porque la habitación estaba helada. Pero no me atrevía a moverme, ni siquiera para devolver mi vestido a su lugar. Le permití mirarme tanto como quisiera, pero estaba lista para frenarlo sí se le ocurría hacer más que mirar.
—¿No viniste a esta habitación para estar conmigo? —ladeó el rostro, para apreciar mi desnudez mejor—. Pensé que por eso pus