—¿No es amor autentico y puro? —preguntó, como un niño de dos años que empieza a preguntar todo, incluso lo obvio—. ¿Qué es lo que siento yo por ti, Ann, si no es amor?
Nos miramos, yo con una confusión que cada día se volvía más grande y abrumadora; y él, Dorian, con una mirada que desarmaba: dulce, embriagante, amable, reluciente, dedicada y sólida. ¿Era eso amor?
La sangre en mis venas comenzó a sentirse demasiado caliente y no pude evitar recordar la forma en que ese hombre me había besado