CAPÍTULO 59. El guardaespaldas
Era como autómata. Como una de esas marionetas a las que un ser superior gobernaba y solo podía moverse sin reaccionar, sin rebelarse.
Sus pasos lo llevaron de vuelta al hotel, a aquella cama y a mirar aquel techo mientras sentía que su corazón se hacía pequeños pedazos.
Su mocosa estaba viva, pero no lo recordaba. Lo había visto a los ojos y no lo había reconocido. Y acababa de comprometerse con el hermano de Stela. ¿Qué demonios estaba pasando?
Para cualquier otro hombre, largarse de vuelta a