CAPÍTULO 43. Un animal acorralado
—Hey, mocosa… despierta.
Marianne sintió una caricia suave en su mejilla y abrió los ojos, por primera vez en mucho tiempo, con una sensación de seguridad bailándole en la mirada.
—¿Dónde estamos?
—¡En el cielo, pero bájate de la nubecita, que te quiero ver! —resonó una voz animada junto a ella y Marianne se levantó de inmediato para ver a Stela asomarse por la ventanilla de la camioneta.
Los dos salieron frente a un pequeño motel de carretera de Winchester y entraron en la habitación donde Ste