CAPÍTULO 24. La ira
Marianne se había despertado solo porque su celular parecía las bocinas de una disco que no paraban de sonar. Diez minutos después Stela la sacaba de la cama y se la llevaba al cine, a vegetar todo el día con comida y películas, sin tener que hablar y sin que nadie las molestara. Así que para la noche, cuando por fin la dejó en la mansión Grey, Marianne todavía se sentía medio atontada.
—¿Dónde está la gente de esta casa? —gruñó a la sirvienta que le abrió la puerta, dándose cuenta de que los g