CAPÍTULO 23. ¡Todavía, amigo mío!
—¡Gabriel! ¡Qué gusto verte! —Morgan Reed debía rondar los cuarenta años, y por más que lo regañaran en el hospital, no había querido perder la barba a la que se había acostumbrado mientras trabajaba en conjunto con las Fuerzas Especiales—. ¿Vienes a que te apriete los tornillos o ya los acabaste de perder todos?
Gabriel le dio un abrazo lleno de cariño y se sentó en una de las butacas de su oficina.
—Todavía me queda alguno por ahí, pero te llamé por otra cosa. Necesito tu ayuda —dijo el guard