CAPÍTULO 21. Un botón. Un desplante. Un collar.
—¿¡Hasta cuándo, Benjamín!? —rugía el Ministro—. ¡Tú no tienes vergüenza! ¡En las narices de tus suegros! ¡En la misma propiedad donde nos quedamos todos…! ¿¡Tenías que llevar a una put@!?
Gabriel escuchó el sonido de algo de cristal estrellándose contra el suelo.
—¡¿Y qué esperas que haga?! —gritaba Benjamín en el mismo tono exasperado—. ¡No me puedo coger a la mujer que me diste! Entonces ¿no me puedo coger a nadie? ¿¡Me ves cara de sacerdote!?
—¡Al menos te hubieras largado a un hotel! —esp