— ¡Sooooool! ¡¡¡Al fin llegaste!!! — celebraron al unísono dejándome helada.
Ambas se me abalanzaron tirándome al suelo, ahora la que lucía en estado de shock era yo misma.
— ¿Qué están haciendo acá? — les pregunté prácticamente a los gritos una vez que me recuperé del susto que me habían dado.
— ¿No te acuerdas? ¡Te dijimos que haríamos una pijamada! — me reprochó Ada, ahora peinándose su cabellos muy delicadamente con la ayuda de un cepillo muy fino.
— ¿Pero acá? — pregunté confundida, aunque