El silencio era corrosivo, me estaba carcomiendo el alma con tanto suspenso.
Las imágenes de aquel vampiro ardiendo no me dejaban en paz y para colmo de males debía sumarle el hecho de que estaban los tres con miradas prácticamente inquisidoras, lo que no hacía más que cuestionarme qué es lo que me harían.
¿Aplicarían la ley del “Ojo por ojo, diente por diente”? no dejaría que vencieran tan fácilmente. Se las haría difícil, era lo único de lo que estaba segura.
Menos aún con las chicas en mi ha