Cuando mastiqué el último bocado, la emoción se apoderó de mi único espectador y no le importó en lo absoluto demostrar la felicidad que sentía. Por mi parte no lograba entender el motivo de tanta fiesta, pero no podía negarle lo exquisita que estaba la tarta.
— Gracias por la cena, estuvo deliciosa. — le agradecí y como si se tratase de la mejor crítica que hubiera recibido en su existencia, sonrió de oreja a oreja.
Por un instante vi un encanto del que nunca antes me había percatado. Eran ext