Su piel de porcelana, sus ojos brillantes y su cabellera perfectamente peinada… no me cabían dudas de que era una nocturna. Pero su comportamiento me decía lo contrario. La forma en que expuso su vulnerabilidad frente a mí me dejó pensando.
— Veo que conociste a Guillermina. — se acercó a nosotros el muchacho de la parada del colectivo.
— Izán, ella es mi compañera. — le comentó muy tranquila a aquel chupasangre.
Él me volvió a mirar algo sorprendido y casi con una risita de picardía preguntó s