59. ¿Volvieron?
En ese momento me estaba derritiendo por él.
Había comido mi cuarta galleta. Sonreía como una adolescente a la que le enviaron su primera carta de confesión.
Mi sonrisa pintada era imposible de quitar.
No porque estuvieran mal hechas.
No porque estuvieran ricas.
Por lo que significaba. Imaginar que Oliver, un hombre que con chasquear los dedos podía hacer aparecer lo que sea… que se esforzara por mí… que hiciera algo para mí…
Me provocaba que mi corazón latiera con fuerza. Mordisqueaba mi