128. Boleto
Había perdido la mayoría de mis sentidos intentando entender que el padre del hombre que amaba era el culpable de todas mis desgracias.
El aire en mis pulmones fallaba. Un sonido ensordecedor resonaba en mis oídos donde podía escuchar los latidos de mi corazón. Ni siquiera el aire podía sentirse en mi piel. Una sensación inquietante, como si estuviera siendo pinchada con miles de agujas.
Estaba atrapada entre el pasado y el presente como una ilusión perpetua donde no sabía cuál era mi realidad.