123. Déjame responder
Cuando el teléfono sonó, todos nos congelamos.
Ese objeto inanimado parecía tener el control de romper la poca cordura que nos quedaba en solo un par de vibraciones. Miré el teléfono. No lo dudé. Me abalancé a tomarlo entre mis dedos, aunque casi cayó al suelo por el temblor de mis manos.
Sabía que era él.
No me importaba.
No.
Si escucharlo me daba el alivio de saber que mi hijo estaba vivo… estaba dispuesta a escuchar lo que fuera.
Oliver extendió su mano con una mirada visceral. Sus ojos se in