Entre nosotros se formó un largo y lúgubre silencio.
Él dio un paso hacia mí.
Yo retrocedí, negando con la cabeza.
Si había hecho eso solo porque quise irme… ¿Qué más era capaz de hacer? Oliver me observaba con detenimiento…
No brillaba el verdor de sus ojos, sino ese color acaramelado que parecía oro fundido. Suavidad… y podía notar un poco de un gesto descolocado. Estábamos tan cerca, pero tan lejos. Él… retrocedió. Ese simple movimiento permitió que pudiera respirar…
Él…
Estaba respetan