56. Enséñame
El aire era tan denso que incluso respirar dolía.
Sus ojos grises se posaban en los míos. Descendió con detenimiento, posándose en mi cuello. Su mirada se endureció. Me perforó el cuello como si hubiera visto algo horrible. Un crimen. Algo que deseara borrar.
—¿Han vuelto?
A pesar de que su pregunta buscaba sonar despreocupada, en el tono de su voz había algo más. Filoso. Letal. Ese aire que te dice que puede acabar con todo si así lo desea.
—No, aún no hemos vuelto.
Exhaló. Pesado. Levantó