52. A ti
La mirada que parecía conocer todos los secretos.
Él, con ese aire de ser una manzana que no debía morder, pues caería de mi paraíso. Sí, me ofrecería conocimiento, libertad… pero si la mordía terminaría en sus garras…
En las garras del mismo diablo.
Ese hombre de sonrisa perfecta que podía llevarme a mi perdición.
—¿Por qué no me respondes, Katherine? —su voz era parecida al néctar de una flor, el cual, si picaba, me condenaría—. ¿Por qué no me dices la verdad y dejas de mentir? —arrastró d