53. No me importa
Todo se detuvo.
El tick-tack del reloj cercano de mi apartamento dejó de sonar.
El viento paró de correr.
El sonido lejano de las televisiones de los apartamentos cercanos se difuminó.
Él y yo.
Su mirada, más segura que nunca. Podía imaginarlo estar en uno de los contratos más importantes de su vida. Una determinación que vibraba en él. En esos momentos, solo eso respiraba.
Silencio.
Palpable.
—¿Qué dijiste? —susurré, apenas cortando el silencio que provocaron sus palabras.
Los latidos de