43. ¿Qué quieres que le diga?
Nueva York nos recibió con un leve viento helado que nos recordaba que pronto sería otoño.
Durante los dos días que nos quedamos juntos entre Grecia y el avión, Oliver prácticamente estuvo a mil kilómetros de distancia. Sus movimientos fueron tan calculados que solo teníamos la mínima interacción. Era como si quisiera que estuviéramos alejados.
Entre nosotros se creó una brecha imposible de llenar.
“Solo actuemos profesionalmente”.
Ese fue su mensaje la noche anterior a que volviera a la oficina