42. Déjame en paz
El casi inaudible sonido de la puerta activó mis sentidos.
Desde que estaba embarazada, mi sueño era tan ligero que incluso un pequeño clic en la madrugada podía despertarme.
Abrí los ojos lentamente.
El reloj digital debajo de la televisión marcaba las tres de la mañana.
La habitación estaba cubierta por unas penumbras apenas aplacadas por la luz que provenía del balcón. Escuchaba unos pasos. Pesados. Imponentes. Lentos.
Un fuerte sonido, como si algo, o alguien, se hubiera golpeado con un