Yo no creía que Camila pudiera mantener esa fachada perfecta para siempre.
La verdad, tarde o temprano, saldría a la luz.
Y cuando eso pasara, entre Mateo y yo ya no habría tanta discordia.
Miré su expresión complicada y lo jalé para que se sentara junto a la ventana.
La comida en la bandeja se veía apetitosa, con buen color y aroma.
Le pregunté:
—¿La cocinaste tú?
Guardó silencio un par de segundos y asintió.
Probé un bocado. El sabor era de verdad bueno.
De verdad, uno podía cuestionar si en l