No soportaba esa presión.
Apagué la estufa y me volteé para salir.
De repente, lo escuché murmurar detrás de mí, con un tono en el que parecía burlarse de sí mismo:
—¿No estabas tan feliz con Javier? ¿Por qué volviste?
Me detuve en seco. Recordar cómo él me esperaba en la entrada de la escuela me encogió el corazón.
Al fin y al cabo, fui yo la que falló y lo hice malinterpretar.
—Para ti, Javier es tan importante que por estar con él hasta olvidaste la actividad de los niños. Te llamé y ni siqui