Capítulo 911
Me miró y en sus ojos había un destello peligroso.

Yo le sonreí con dulzura:

—Seguro no comiste, ¿verdad? Te preparé la cena con mis propias manos, vamos a comer juntos.

Mateo seguía muy serio, sin relajarse en lo más mínimo.

Me apartó la mano de sus labios y me respondió con sequedad:

—Deja de cambiar de tema. ¿A qué viene hablar de cenar ahora? Primero aclara las cosas, ¿y luego piensas en comer?

Miré hacia afuera y le contesté:

—Ya es de tarde, no probé nada en todo el día, estoy muerta de ha
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