Capítulo 892
De verdad este hombre… ni siquiera avisa cuando entra.

Mateo se volteó a mirarme y, en el instante en que sus ojos se posaron en mí, su mirada se intensificó, rebosando deseo.

Apreté la toalla contra mi cuerpo y dije sin emoción:

—No sabía que entrarías, no fue mi intención estar sin ropa. No vayas a decir otra vez que te estoy provocando.

Mateo suspiró y desvió la mirada hacia la ventana, haciendo de caballero que no parte un plato.

“Ridículo” pensé, y fui al armario a buscar el pijama.

Cuando
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