En ese momento, el deseo en su cara se desvaneció y fue reemplazado por pura ternura.
Acarició la cabecita de Luki, miró con atención el modelo que había armado y hasta lo halagó con sinceridad.
La verdad, esa escena era conmovedora.
Supongo que a los dos niños también les gustaba ese ambiente.
Sin embargo, con ese malentendido de por medio, para mí esa ternura y felicidad no eran más que algo pasajero.
Mañana me mudaré a la casa de Carlos. Esta vez, debo descubrir el secreto de Camila y destapa