Me quedé impactada, mirando a Samuel sin entender.
¿De la nada qué hacía metiéndose en esto?
Además, él no era de los que se meten donde no los llaman.
Y luego me lo dejó claro, bien serio:
—Admiro mucho tu talento. Quise invitarte a cenar ayer, pero pensé que no tendrías tiempo. Hoy parece que sí estás libre, así que vamos a cenar juntos. Quiero platicar de unos detalles de “Crónica de las Flores”.
Todo cuadraba. Samuel era perfeccionista, un adicto al trabajo, tan serio que a veces era insopor