Camila no quería que Carlos estuviera ahí, y se puso un poco molesta, pero no dijo nada.
Sus ojos llorosos seguían mirando a Mateo, como esperando que la protegiera como antes.
Pero Mateo ni la miró.
Alan, con cara de duda, le dijo:
—Qué raro, Camila. Si tu esposo está aquí, ¿por qué no le lloras a él? ¿Por qué miras a Mateo con ojos llorosos? Si él no te hizo nada.
Cuando dijo eso, Carlos miró de reojo a Camila, y puso cara de furia.
Camila, asustada de que Carlos se enojara, se le lanzó a los