—No creo que seas mala, tampoco pienso que quieras hacerme daño. Solo que... no puedo creer que, después de cuatro años, llegaría un día en que desearas acercarte a mí de esa forma. Al fin y al cabo, en tu corazón todavía me guardas rencor por haberte echado de Ruitalia, ¿verdad?
Me quedé en la puerta, dándole la espalda, sonriendo con tristeza, tanto que las lágrimas empezaron a caer.
—Sí, todavía te guardo rencor.
¿Cómo no hacerlo?
En ese entonces, aunque su mamá había muerto, la mía también s