Valerie abrió los ojos, bien sorprendida:
—¿Está loco o qué?
Yo dije que no y suspiré.
Lo de embarazarme tenía que ir despacio; sentía que entre más presionara a Mateo, peor iba a salir todo.
Por suerte, la salud de Embi estaba estable, y Javier me aseguró que, antes de los diez años, no habría problemas.
En el otro lado del set, Camila de la nada perdió la paciencia y aventó los utensilios de maquillaje al suelo.
Valerie se tapó la boca, con una sonrisa malvada.
Le pregunté:
—¿Y ahora qué le pa