Mateo me miró, intrigado, como si no me conociera:
—¿Qué tonterías estás diciendo otra vez?
No supe qué decir.
¿Querer acostarme con él era una locura?
¿Y entonces, cuando él quería hacerlo conmigo, qué era?
De la nada, una mezcla de rabia y vergüenza me apretó el pecho.
Me moví, intentando quitármelo de encima:
—Sí, solo digo tonterías. Suéltame ya, no vaya a ser que en un impulso te viole.
Mateo se puso más intrigado, mirándome.
Dijo en voz baja:
—¿Sabes lo que acabas de decir?
—¡A ver! Repíte