Mateo fumaba tranquilo, con una expresión seria, aunque en sus ojos había algo capaz de matar.
Yo lo ignoré y regresé al sofá con los cuatro strippers que había elegido.
Valerie, tentada, se levantó enseguida, decidida a llevarse a los otros cuatro. Pero apenas se acercó, Alan la agarró del brazo y le dijo en voz grave:
—¡Atrévete a tocar a esos strippers y verás!
Ella parpadeó y respondió: —Solo quería que me acompañaran a beber una copa, nada más.
—¡Yo bebo contigo! ¿Eso no te basta? —gri